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Un paradigma de la arquitectura mudéjar
La construcción, que se remonta al siglo XV o finales del XIV, presenta un interesante patio con el típico zaguán de entrada en el que la puerta exterior esta descentrada respecto al vano de acceso al patio.
Este eje quebrado de entrada continua en la ubicación de la escalera, situada en el ángulo contrario de la puerta del patio, según la típica concepción espacial mudéjar.
El pavimento original del zaguán, realizado con canto floreado conserva todavía una interesante decoración con el símbolo judío del SELLO DE SALÓMON.
Este motivo, muy frecuentemente utilizado por la comunidad hebrea, está constituido por 2 triángulos entrelazados que originan una estrella de 6 puntas y simboliza, según Cirlot, el alma humana al ser una conjunción de la conciencia y el inconsciente, simbolizados por la fusión del fuego (triángulo) y el agua (triángulo invertido).
El patio cuadrado de 9 metros por 8.5 metros, aparece porticado en 2 de sus lados. Las 4 columnas que se conservan, correspondientes a la panda del zaguán, son de sección octogonal con capiteles prismáticos, en los que aparecen bolas o quizás cabezas.
Estas columnas gótico-mudéjares, emparentadas con las realizadas en el palacio toledano de Fuensalida, son, a su vez, muy similares a las que aparecen en el palacio marquesal de Torremejía. Los capiteles, algunos de ellos decorados con escudos ilegibles, sustentan zapatas de madera en las que apoyan las gruesas vigas de la galería superior, realizadas con los habituales pies derechos y balaustrada de madera.
Los exteriores, muy sencillos de mampostería entre verdugadas de ladrillo. Los huecos originales seguramente pequeños y descentrados, fueron sustituidos más tarde por balcones y una ventana rectangular situada en la planta baja.
La portada es no obstante la original.